Cuando somos acusados de un delito que no hemos cometido lo único
que nos queda por hacer es limpiar nuestro nombre demostrando que no hemos sido
quien ha cometido tal acto. No importa lo que nos cueste porque nuestra
dignidad no tiene precio. Hoy veremos como
un hombre muy familiar investiga por su cuenta un delito del que es el principal sospechoso.
